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Cartas a Clarisa.

Desde que descubrí por primera vez mi incapacidad de aceptar amor, lo encaré como una limitación que podía mermar a la continua felicidad de nuestra relación. Y es que, lo que corría mucho riesgo, era mi felicidad… no tanto la tuya. Es bien sabido que no se hace feliz a una persona por el amor que se le da, sino por la cantidad de amor que está dispuesta a recibir. Y yo, nunca he sabido la forma precisa de recibir el amor que me das…

El día de hoy fue un día fatídico. Las labores en la estación desquitaron, creo yo, tres veces mi desacato cometido. A pesar del sufrimiento que me provoca el estar lejos de ti, no cambaría estos meses aquí. Claro, siempre y cuando fueran meses, no sé, digamos como máximo un año, o tres, si fuera preciso, o lo que fuera, con tal de que se me diera la oportunidad de verte algunos días antes de mi muerte para mostrarte lo mucho que he cambiado y lo tanto que he aprendido.

Precisamente de eso quiero hablarte:

Hoy rescaté unos textos viejísimos. Un recluta estaba a punto de tirarlos, cuando un buen tino de persuasión de parte mía logro rescatarlos… eran de animales, animales viejos, podría decirse. Entre los muchos pasajes, encontré algo interesantísimo; espero no aburrirte con tanta metáfora, pero es preciso que lo diga para que lo entiendas…

Resulta que hay unos animales conocidos por todo el mundo y temidos por la mayoría, que son de los animales más empáticos que existen; hablo de los puercoespines.

Durante la era del hielo, muchos animales morían por causa del frio. Entonces, los puercoespines, decidieron vivir en grupo para darse calor y así enfrentar la situación de una manera soportable. El problema surgió debido a que, obviamente, entre más se acercaban unos con otros, más se le encajaban las espinas. Irónicamente, a los animales que más se quería, a lo que más se les quería proteger del frio, eran a los que más se lastimaba.

Entonces, los puercoespines de tanto dolor, decidían separarse. Pero pasaba lo mismo que antes, volvían a tener frio e incluso morir por él.

Así que los puercoespines debían tomar una decisión: O aceptaban el dolor que les daban sus congéneres con tal de vivir, o desaparecían de la faz de la tierra. Los puercoespines tomaron la primera decisión, y helos ahora, lograron sobrevivir y son felices…

Es imposible que exista una relación en la que no se llegue a picar a la persona amada, porque, analógicamente, entre más se quiere proteger a una persona, entre más se le ama, curiosamente más se le lastima. Si, suena a cliché, pero así es…

Lo importante no es no intentar hacer daño, lo verdaderamente importante son las decisiones o acciones que llevamos a cabo para hacer menos dolorosas las heridas y contrarrestar los piquetes.

Somos personas, ambas, muy defectuosas. Tenemos montones de diferencias, de cosas que nos gustaría cambiar, pero, curiosamente, cuando decidimos estar lo más lejos posible uno del otro, nos da por extrañarnos, por querer a volver al lado del otro…

Cuando nos dimos cuenta de eso, fue cuando logramos vencer el frio, logramos sacar esas espinitas… y así, vencer a la hipotermia.

Y eso paso cuando encontré mi vocación, mi motivación y soy cursi pero fue cuando descubrí que primero estoy vivo para verte, segundo… mi segundo es investigar el mundo, hacerlo interesante y regalártelo… la pregunta es, ¿lo logré?

Ancor.

Todo ha sido difícil, la adaptación creo que fue lo que mas me costo trabajo. Claro, con esto no quiero decir que ahora la estoy pasando bien. No. Pero bueno, al menos ahora no me cuesta tanto trabajo el despertarme ni el dormir. Pero lo que más me preocupaba, era no dejar cuentas de lo que paso aquí, o, más bien, de lo que pasó aquí sin ti.

Afortunadamente ayer, después de la desgarradora jornada de trabajo, pude obtener un pequeño cuaderno y un pedazo de carboncillo, los robe de la estación de un guardia. A pesar del dolor en mis manos, aún puedo hacer un esfuerzo para escribir. Lo sabes, cualquier cosa por ti, como lo prometí.

Hace días que tengo en la cabeza una época muy especial, aquella cuando mi vida se simplifico a tal grado de ver los milagros como sucesos de la vida cotidiana. Recuerdo un día en especial, tú vestías de blanco. Esa vez, pasamos momentos desagradables. Supongo que es el precio de hacer extraordinario lo cotidiano. Discutimos por varias cosas, destacaron mi nulo interés –según tú- hacia tu vida.

Sabes que yo nunca te hice un reclamo. Sabes que me basaba en mi postura de no pedirte cuentas. Te entendía a la perfección, sabía que de cierta forma eras mía, y eso bastaba. El problema es que en ese momento yo no era de nadie. Simplemente quería volverme necesario para ti, devolverte todo lo que me dieras.

Tú no entendías, y mucho menos aprobabas, esa actitud megalómana de mi parte. Mi ego, sabes, y hasta la fecha, es lo que menos pesa de mi ser. Lamentablemente, no sé como demostrar mi interés sin volverme hermético y con destellos de posesivo. Por eso la postura de no pedirte cuentas. Por eso ésa apariencia ególatra.

Pero bueno, me desvío. Esa tarde, la discusión comenzó por no entenderte. Por mi insistencia en querer llevarte a vivir el momento, como lo hacía yo; como sabía hacerlo yo. Me explicaste tu justificación, yo no te lograba entender y dije que mejor te fueras… me di la vuelta y te deje sola… mientras caminaba alejándome de ti, y nunca te lo dije, rece, no sé a cual Dios, una plegaria para que corrieras detrás de mí y yo poder despotricar toda mi aberración hacía tu postura –según yo- infantil.

No lo hiciste.

En la soledad de mi habitación, y cuando la tristeza y la culpa me agobiaban y asfixiaban cada vez más entre la mierda que me cubría, volví a rezar una plegaria, ésta vez fue para comprenderte, para lograr entenderte y volverme parte fundamental de tu vida. Creí que después de rezar, tu mágico Dios me mandaría una llamada tuya, o, mejor aún, tu presencia.

No llamaste ese día, ni al siguiente… yo tuve que llamarte hasta el cuarto día, dijiste que estabas decepcionada de mí, que era un egoísta que solo pensaba en mí y que no te comprendía ni un ápice, pero que, a pesar de todo, me amabas como nada en la vida y que solo necesitabas escuchar mi voz para saber que yo era parte esencial en tu existencia…

Ese día supe que tu Dios me había escuchado…

Todo volvió a ser especial, de nuevo yací envuelto en miles de pensamientos y fantasías que eran necesarios para despertarme, volver a dormir y en el proceso, hacer algo que me pudiera hacer sentir la felicidad, y ése algo, eras tú…

Hubo montones de días así, de altibajos, podría decirse. Fue, hasta después de mucho, que comprendimos el significado de lo que nos pasaba al nacimiento de nuestro amor. Todo era cuestión de comprender, de aceptación… las veces que pensamos odiarnos, no fueron un espejismo, no. Lo hacíamos en el momento. Pasaba cuando se rompía el corazón y dejaba escapar esa sustancia que se amargaba al contacto con nuestra piel. Soñábamos, nos ilusionábamos con cosas que eran prontas en su momento. No había nada malo en hacerlo, era hasta plausible augurarle cosas buenas a nuestra unión. Lo único malo, era que cuando se rompían las ilusiones, o nos dábamos cuenta de que los sueños no eran tan factibles, quedaba el recuerdo de lo que nunca fue. Era tanta la enajenación en querer complementarnos, en querer ser imprescindibles, necesarios; que se acababa todo en el momento y transformaba nuestro amor en odio…

Ahora resulta graciosa la magnitud que le dábamos nosotros a locas ideas. Las tomábamos y las convertíamos en la vida misma. Los besos, los abrazos, los te amo; al final del día eran reconfortantes, me sentía –y tú también, lo sé- lleno de felicidad… ese era el verdadero premio: saberse especial, diferente, valioso y hasta indispensable; pero eso ya lo traíamos dentro, solamente pasa que lo encontramos. Entonces, eso fue entender el verdadero significado del amor: encontrar a la persona que logro nuestro autodescubrimiento. Eso fue lo que significo encontrarnos… porque nuestro amor es verdadero, y lo verdadero, siempre es lo más sencillo de hallar, pero a lo sencillo se accede siempre a través de lo mas complicado…

Y sí, también en ti encontré lo que significa reservar el corazón para aquellas personas sin que no hayas de vivir… es por eso que mi corazón, aún estando tan lejos, sigue estando reservado para ti.

Sé que nunca te volveré a ver. Y, aunque sé que a veces piensas en mí, espero que seas feliz con alguien más. Ojalá algún día llegues a leer éstas pequeñas muestras de lo que significó conocerte, lo que significó pasar una vida a tu lado… hoy me despido… no sé cuanto tiempo me quede, lo que si sé, es que te amare hasta el ultimo segundo…

Ancor.

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