La vida, a lo largo de los años; nos enseña que es un camino que se transita en duplas, y si no lo haces así, estas jodido.
Hace mucho, mucho tiempo, me asustaba la soledad. Me asustaba un futuro en el que mi vida estuviera rodeada y conformada solo por amigos, trabajo y placeres inocuos y efímeros.
Desde que tuve 15 años, si mi memoria no me falla, siempre tuve pareja. Obvio no la misma. Cuando tuve 17, después de un –proporcionalmente- largo kilometraje en cuanto a mujeres se refiere, conocí a Nancy. Ella fue mi primera experiencia en todo.
Nuestra relación fue llena de sosiegos que colmaban nuestras vidas. Las exigencias que alcanzábamos a ver, que no iban más allá del limite de nuestras narices (a pesar que ella tenia 21); eran perfectamente cumplidas.
Ella se fue un 08 de Agosto de 2004. Se cambio de ciudad. Nuestra relación intento luchar contra la distancia.
El 16 de Diciembre de ese mismo año, después de vernos una vez cada quince días por 3 meses, me llamo diciendo que estaba embarazada de un tal Ricardo. Ese día fue el último que supe algo de ella. Sin duda, fueron las fiestas decembrinas más tristes de mi vida.
En Febrero del siguiente año, conocí a Karen. Poco a poco fuimos creando una amistad casi perfecta. Cuando nos conocimos, ella era Novia de mi mejor Amigo. Cuando terminaron, que fue como en Marzo, empecé a hacerla de “reconciliador”, ja, terminamos besándonos un mes después, fue mi regalo de cumpleaños.
Con Karen, todo fue diferente. Ella atisbaba en mí a alguien superior que los demás. Fue la primera vez que una mujer me hizo sentir su mundo.
Ella fue la mujer que mas parte forjo de mi actual personalidad.
La relación termino casi dos años después, un 20 de Noviembre de 2006 por un mal entendido, que derivo en un crudo descubrimiento de cimientos hechos a base de verdades a medias. Y una relación, por más fuerte que sea, cuando pierde sentido la idea sobre la cual fue forjada, incondicionalmente se termina.
Hasta la fecha, hay veces que me remuerde la conciencia saber que me odia.
Hoy, a sus 20 años, esta “juntada” y con dos hijos.
Una persona como yo, que esta acostumbrada diariamente a tomarse una copa de azar y que no es alérgico a los desengaños; se construye y se reconstruye solo a base de desazones.
Cada una de las relaciones que tuve después de las mencionadas, se han terminado por mi culpa; llega un punto en el que yo las decepciono. Se acaban por que me falta eso: ________ (Ese es el problema, nunca he sabido que me falta)
Cada relación, cada una que en verdad forjo parte de mi ser, que se quedaron con una parte de mí que regale sin el menor regateo y yo desprecie la parte de ellas que me correspondía, y aquellas que pasaron por la acera de enfrente solo saludándome, me han cambiado muchísimo, tal vez no en lo aparente, pero si en lo importante.
Hoy ya no me asusta la soledad. No digo que sea un hombre que no busca empatarse con alguien, pero ya no me asusta la idea de estar solo… de alguna forma, alguna parte de mí, cree que las historias hermosas son así: solo nos prometen de lejos ser verdad y esperamos que el tiempo las acerque a nosotros, sin nosotros acercarnos a ellas; temiendo que sean cruda realidad al despertar.
Al día de hoy, tengo casi tres años enamorado (por decirlo de alguna forma) de la misma persona. A pesar de todo lo vivido, de los desazones y sosiegos y que he intentado llenar su lugar, solo en ella he encontrado la verdadera empatia emocional, y cuando parece que mas me alejo, me doy cuenta que solo di la vuelta. Hemos vivido juntos días y noches que no dejan de sorprenderme. Cosas que nunca había vivido. Pero sobre todo, cosas que han dibujado una sonrisa en mi rostro a lo largo de este tiempo.
La razón por la que no nos hemos dado una oportunidad, es un cliché gastadísimo, y aun así… estoy ahí.
Puede sonar contradictorio y quizá lo es, pero soy una persona que no cree en la esperanza. Pero creo en las deudas emocionales, en los fantasmas particulares…
Y es que la esperanza es así, todos la conocemos como la guarida más segura y es a la primera que corremos, pero también es el fantasma más grande que nos puede perseguir. Porque aquellas cosas malas, las desilusiones; duelen, te detienen un tiempo; pero vuelves a caminar. En cambio, la Esperanza, te paraliza por siempre…
Pero a pesar de todo, repito: En ella he encontrado la verdadera empatia. A veces, solo pensando en ella, dejo el stand by y la indiferencia atrás, y, como diría Arturo Meza: Solo veo una ventana sin paredes.
Y al día siguiente, cuando la veo y nos regalamos una sonrisa; todo se siente bien, sin necesidad de hablar mucho sobre ello. Y tal vez porque debe ser así, cuando todo se siente en su lugar; no hay mucho que explicar.
Algunas veces gano y otras veces
pongo un circo y me crecen los enanos;
algunas veces doy con un gusano
en la fruta del manzano prohibido del padre Adán;
o duermo y dejo la puerta de mi habitación abierta
por si acaso se te ocurre regresar;
más raro fue aquel verano que no paró de nevar.











